ECOS DE INTOLETRANCIA REFLEJO SOCIAL EN LA NOCHE DE TLATELOLCO
Voz de mi pueblo no guardes
Rencor de oídos ajenos.
DianaTapia González
Ecos, sangre y zapatos sin dueños se encontraron como símbolos de las voces ya mudas en aquel ultraje a la juventud… La noche de Tlatelolco. Se castigó por tener conciencia. En la ciudad de México, el 2 de Octubre para ser precisos ocurrió un hecho sin oportunidad de adjetivos por lo injusto que podría ser nombrar ese evento con una palabra en la que no pueda caber la historia de los estudiantes asesinados en la Plaza de las tres culturas.
Una masacre fue la que atentó contra la vida del gremio estudiantil y profesorado. Voces que quedaron calladas, cobran importancia y valor en la narrativa de Elena Poniatowska quién toma posesión del cuerpo social, aquel que desea informar de su verdad colectiva, la del movimiento social acaecido en 1968.
La noche de Tlatelolco narra especialmente testimonios de estudiantes, maestros, padres de familia que fueron los sujetos de la historia de esa masacre. La narrativa no divierte, sino que adquiere un compromiso social con aquél grupo carente de poder publico para ser escuchado. La narrativa testimonial en éste caso funge un papel primordial para el desarrollo de la conciencia social y la democracia.
La labor del arte en la conciencia de las masas es notable. Los estudiantes de Licenciatura conocían los libros y teorías Marxistas, se discutía del mal funcionamiento gubernamental, sin embargo no fueron esas las causas por las cuales el movimiento estudiantil fue agitado. Principalmente surgió cómo voz, aquella voz del pueblo rural y urbano, la mayoría pertenecientes a la clase media.
Cabe señalar que tuvo impacto por el apoyo de la sociedad mexicana que estaba de acuerdo en su mayoría con las ideas y peticiones del movimiento. Los cuales se reducían a seis puntos.
Libertad de todos los presos políticos.
Derogación del artículo 145 del Código Penal federal.
Desaparición del cuerpo de granaderos.
Destitución de los jefes policíacos Luis Cueto, Raúl Mendiolea y A. Frías
Indemnización a los familiares de todos los muertos y heridos desde el inicio del conflicto.
Deslindamiento de responsabilidades de los funcionarios culpables de los hechos sangrientos.
Peticiones que no fueron escuchadas por el gobierno y se rompió toda tolerancia posible; a pesar que en esos años había una relativa democracia.
Después de las represalias que tomó el gobierno de Díaz Ordaz, se destruye la tolerancia, y es necesario requerir de otro medio para seguir hablando; éste medio es la literatura testimonial.
El objetivo de la literatura testimonial es reconstruir el universo simbólico fragmentado por la intolerancia. Llenando ese hueco con información con datos fehacientes, que se reduce a la identificación de los héroes y traidores, se define en la delimitación de los buenos y los malos; se le otorga voz al bando que ha sido víctima de abusos, políticos principalmente. La literatura testimonial ser presta como un testigo de aquella historia principalmente protagonizada por grupos marginado y marginales.
La situación que se narra está dentro de una serie de eventos como crisis, extorsiones militares, usando como dialogo sus propias historias de vida.
El movimiento estudiantil no es obra de delincuentes, ni tiene el propósito de subversión del orden institucional. Los líderes estudiantiles están dispuestos a entablar un diálogo con las más altas autoridades del país. [1]
De esta manera la literatura testimonial de Elena Poniatowska representa el eco que será transmitido a las generaciones siguientes para que la conciencia no sea borrada. Para que la historia no se olvide. La literatura representa según los términos Marxistas una colección de aquello que una sociedad produce de acuerdo a los elementos que convivan con ella. De modo que la literatura testimonial toma el valor de representar a una colectividad, en una narración en dónde el testigo participa, en éste caso Elena Poniatowska, ya no como un narrador o un autor lejano al asunto, sino cómo partícipe del dolor colectivo y miembro de una sociedad con la que colabora para que a través de su libro “La noche de Tlatelolco” preste voz la sociedad mexicana, aquella que está marginada y no silenciada por los grandes grupos del poder. Es la literatura una cavidad de resonancia en dónde la voz es el pueblo.
[1] Elena Poniatowska. La noche de Tlatelolco. (México, D.F.:Ediciones Era, 1991) Pág. 63.
Voz de mi pueblo no guardes
Rencor de oídos ajenos.
DianaTapia González
Ecos, sangre y zapatos sin dueños se encontraron como símbolos de las voces ya mudas en aquel ultraje a la juventud… La noche de Tlatelolco. Se castigó por tener conciencia. En la ciudad de México, el 2 de Octubre para ser precisos ocurrió un hecho sin oportunidad de adjetivos por lo injusto que podría ser nombrar ese evento con una palabra en la que no pueda caber la historia de los estudiantes asesinados en la Plaza de las tres culturas.
Una masacre fue la que atentó contra la vida del gremio estudiantil y profesorado. Voces que quedaron calladas, cobran importancia y valor en la narrativa de Elena Poniatowska quién toma posesión del cuerpo social, aquel que desea informar de su verdad colectiva, la del movimiento social acaecido en 1968.
La noche de Tlatelolco narra especialmente testimonios de estudiantes, maestros, padres de familia que fueron los sujetos de la historia de esa masacre. La narrativa no divierte, sino que adquiere un compromiso social con aquél grupo carente de poder publico para ser escuchado. La narrativa testimonial en éste caso funge un papel primordial para el desarrollo de la conciencia social y la democracia.
La labor del arte en la conciencia de las masas es notable. Los estudiantes de Licenciatura conocían los libros y teorías Marxistas, se discutía del mal funcionamiento gubernamental, sin embargo no fueron esas las causas por las cuales el movimiento estudiantil fue agitado. Principalmente surgió cómo voz, aquella voz del pueblo rural y urbano, la mayoría pertenecientes a la clase media.
Cabe señalar que tuvo impacto por el apoyo de la sociedad mexicana que estaba de acuerdo en su mayoría con las ideas y peticiones del movimiento. Los cuales se reducían a seis puntos.
Libertad de todos los presos políticos.
Derogación del artículo 145 del Código Penal federal.
Desaparición del cuerpo de granaderos.
Destitución de los jefes policíacos Luis Cueto, Raúl Mendiolea y A. Frías
Indemnización a los familiares de todos los muertos y heridos desde el inicio del conflicto.
Deslindamiento de responsabilidades de los funcionarios culpables de los hechos sangrientos.
Peticiones que no fueron escuchadas por el gobierno y se rompió toda tolerancia posible; a pesar que en esos años había una relativa democracia.
Después de las represalias que tomó el gobierno de Díaz Ordaz, se destruye la tolerancia, y es necesario requerir de otro medio para seguir hablando; éste medio es la literatura testimonial.
El objetivo de la literatura testimonial es reconstruir el universo simbólico fragmentado por la intolerancia. Llenando ese hueco con información con datos fehacientes, que se reduce a la identificación de los héroes y traidores, se define en la delimitación de los buenos y los malos; se le otorga voz al bando que ha sido víctima de abusos, políticos principalmente. La literatura testimonial ser presta como un testigo de aquella historia principalmente protagonizada por grupos marginado y marginales.
La situación que se narra está dentro de una serie de eventos como crisis, extorsiones militares, usando como dialogo sus propias historias de vida.
El movimiento estudiantil no es obra de delincuentes, ni tiene el propósito de subversión del orden institucional. Los líderes estudiantiles están dispuestos a entablar un diálogo con las más altas autoridades del país. [1]
De esta manera la literatura testimonial de Elena Poniatowska representa el eco que será transmitido a las generaciones siguientes para que la conciencia no sea borrada. Para que la historia no se olvide. La literatura representa según los términos Marxistas una colección de aquello que una sociedad produce de acuerdo a los elementos que convivan con ella. De modo que la literatura testimonial toma el valor de representar a una colectividad, en una narración en dónde el testigo participa, en éste caso Elena Poniatowska, ya no como un narrador o un autor lejano al asunto, sino cómo partícipe del dolor colectivo y miembro de una sociedad con la que colabora para que a través de su libro “La noche de Tlatelolco” preste voz la sociedad mexicana, aquella que está marginada y no silenciada por los grandes grupos del poder. Es la literatura una cavidad de resonancia en dónde la voz es el pueblo.
[1] Elena Poniatowska. La noche de Tlatelolco. (México, D.F.:Ediciones Era, 1991) Pág. 63.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home