El espejo de Medusa

Sunday, May 28, 2006


LO TANGIBLE EN LA CEGUERA DE LA HISTORIA


Entre lo dicho de la historia y la realidad histórica, hay un hueco cuya significación funge, como una veta proyectada hacia los tiempos y situaciones sociales, en dónde la historia tiene a su cargo múltiples interpretaciones. La razón por la cual hay diversas interpretaciones en una obra literaria, radica en que la interpretación de esa historia está en función de una sociedad actual.

De éste modo, por más detalladas que sean las descripciones, llegando casi a la imitación, será un ideal imposible imitar tal y cual es un signo, pues el tiempo de ejecución ha pasado y se sitúa en un nuevo momento y por lo tanto, en un nuevo orden interpretativo.

La historia entonces, ha de informar algo, que tiene un equivalente en la experiencia actual y si no lo tiene, se convierte en un apartado más de la crónica, es decir una historia muerta.

Aquello que trascienda en la historia de una literatura, será la tarea de decir lo que sucedió, además de explicarlo implícitamente a través de lo no dicho, que es tangible en los códigos que la novela nos mencione.

En la obra Los impacientes de Gonzalo Garcés, encontramos enunciados que aparentemente no dicen mucho, pero que reflejan toda una ideología social y cultural, cómo los rasgos psicológicos de los personajes. De éste modo la literatura, en función de la cultura social, es un eslabón que se funde a otros miles de eslabones, sin alcanzar una significación fija y concreta de una situación, sea psicológica, cultural, educativa; envuelta en los enunciados o discursos que maneje un personaje de la novela.

Algunas novelas, son hechos históricos, por el hecho de estar ubicados en un contexto social; conviven con una Historia real, pero, ¿pueden considerarse documentos históricos? Tomando en cuenta que la novela forma parte de un contexto social, y que por ello está cargada de contenidos semánticos de acuerdo al lugar y tiempo en que aparece, podemos decir que sí.


Sin embargo, no puede considerársele un documento histórico objetivo, porque falta a la explicación objetiva-real del porqué de los hechos en términos reales.

Por lo tanto un documento histórico es aquel que habla sobre algo real, en cuestión de personajes. Un documento histórico sería una carta de Fray Servando Teresa de Mier, la cual revele sus agonías en prisión; un hecho histórico es también la historia que se vivió en Medellín por un escritor llamado Fernando. Sin embargo la diferencia radica en que conocemos quien es Fray Servando Teresa de Mier, pero no conocemos quien es Fernando y tampoco sabemos que importancia tuvo en la historia universal.

En la novela La virgen de los sicarios, encontramos una realidad que es evidentemente histórica si nos tomamos la tarea de investigar la situación económico-política de Colombia en el contexto social, que cita la novela. Por otro lado, si tomamos la idea de Danton, al decir que de un modo una narración, es sólo un resumen de su propio aparato crítico. Funciona como una relación de algo que sucedió. Un enunciado sobre el pasado, dice es una predicción encubierta, es decir un enunciado dicho, cubre en su mayoría un 90 % o un 95% de algo propiamente no mencionado, pero que es tangiblemente comprobable en el discurso.

En ciertas ocasiones, aquello que no se dice, es pronunciado por una determinada estructura, pero es dicho de otro modo, y es también parte de una significación. Tal es el caso de la novela El evangelio según Jesucristo de Saramago, en la cual, cuenta una historia ya conocida por todos, la del nacimiento y vida de Jesucristo, y que al narrarla de otro modo, descubre algo que no dice la historia, que era evidente por el contexto social, pero que nunca ha sido menciona. Por ejemplo el comportamiento de María con su esposo. Es algo que no se cuenta en la Biblia de modo explícito, pero que por ser parte de un contexto social, no había entonces Machismo puesto que no existía el campo semiótico para tal afirmación.

Por lo tanto, como una novela proyecta un hecho histórico, el autor por ende tiende a ser un historiador y viceversa. Porque el autor no puede desechar el contenido semántico para escribir, ni puede aislar su propio lenguaje de época, para proyectar una realidad distinta a la que vive.

Citando a Marx cuando dice que toda producción humana es reflejo de la sociedad en la que vive, una producción literaria es reflejo no sólo de la sociedad sino de la propia ideología de un autor, ya que podría este escribir una obra en Madrid, habiendo nacido en Colombia, pero dependiendo de su bibliografía y de sus experiencias en esos países heredará a su discurso toda la carga ideológica, y sociológica que en él haya influenciado a lo largo de su experiencia vital.

En la mayoría de los casos una obra literaria, o artística, denota más allá de un significado y cuando intentamos acercarnos a uno sólo, se abren más significaciones. En Historia y Narración encontramos que cuando se revela algo que antes no conocíamos, o que sólo sospechábamos, nos permite informar de lo que sucedió más. Por eso lo no dicho es lo tangible, lo obvio.

La Historia es un hecho social, un registro oportuno con un porqué de por medio, de nada sirven los datos o registros sin un porqué de los hechos. La Historia es la conciencia del hombre, no podemos andar en el camino de nuestra humanidad, sin conocer el pasado significativo de nuestra herencia. Es por esto que el arte, juega un papel primordial dentro de los registros significativos, y dentro del arte la literatura es un testigo que actúa como documento histórico no objetivo de la conciencia de una humanidad.

Wednesday, May 24, 2006

ECOS DE INTOLETRANCIA REFLEJO SOCIAL EN LA NOCHE DE TLATELOLCO


Voz de mi pueblo no guardes
Rencor de oídos ajenos.
DianaTapia González


Ecos, sangre y zapatos sin dueños se encontraron como símbolos de las voces ya mudas en aquel ultraje a la juventud… La noche de Tlatelolco. Se castigó por tener conciencia. En la ciudad de México, el 2 de Octubre para ser precisos ocurrió un hecho sin oportunidad de adjetivos por lo injusto que podría ser nombrar ese evento con una palabra en la que no pueda caber la historia de los estudiantes asesinados en la Plaza de las tres culturas.

Una masacre fue la que atentó contra la vida del gremio estudiantil y profesorado. Voces que quedaron calladas, cobran importancia y valor en la narrativa de Elena Poniatowska quién toma posesión del cuerpo social, aquel que desea informar de su verdad colectiva, la del movimiento social acaecido en 1968.

La noche de Tlatelolco narra especialmente testimonios de estudiantes, maestros, padres de familia que fueron los sujetos de la historia de esa masacre. La narrativa no divierte, sino que adquiere un compromiso social con aquél grupo carente de poder publico para ser escuchado. La narrativa testimonial en éste caso funge un papel primordial para el desarrollo de la conciencia social y la democracia.

La labor del arte en la conciencia de las masas es notable. Los estudiantes de Licenciatura conocían los libros y teorías Marxistas, se discutía del mal funcionamiento gubernamental, sin embargo no fueron esas las causas por las cuales el movimiento estudiantil fue agitado. Principalmente surgió cómo voz, aquella voz del pueblo rural y urbano, la mayoría pertenecientes a la clase media.

Cabe señalar que tuvo impacto por el apoyo de la sociedad mexicana que estaba de acuerdo en su mayoría con las ideas y peticiones del movimiento. Los cuales se reducían a seis puntos.
Libertad de todos los presos políticos.
Derogación del artículo 145 del Código Penal federal.
Desaparición del cuerpo de granaderos.
Destitución de los jefes policíacos Luis Cueto, Raúl Mendiolea y A. Frías
Indemnización a los familiares de todos los muertos y heridos desde el inicio del conflicto.
Deslindamiento de responsabilidades de los funcionarios culpables de los hechos sangrientos.


Peticiones que no fueron escuchadas por el gobierno y se rompió toda tolerancia posible; a pesar que en esos años había una relativa democracia.

Después de las represalias que tomó el gobierno de Díaz Ordaz, se destruye la tolerancia, y es necesario requerir de otro medio para seguir hablando; éste medio es la literatura testimonial.

El objetivo de la literatura testimonial es reconstruir el universo simbólico fragmentado por la intolerancia. Llenando ese hueco con información con datos fehacientes, que se reduce a la identificación de los héroes y traidores, se define en la delimitación de los buenos y los malos; se le otorga voz al bando que ha sido víctima de abusos, políticos principalmente. La literatura testimonial ser presta como un testigo de aquella historia principalmente protagonizada por grupos marginado y marginales.


La situación que se narra está dentro de una serie de eventos como crisis, extorsiones militares, usando como dialogo sus propias historias de vida.

El movimiento estudiantil no es obra de delincuentes, ni tiene el propósito de subversión del orden institucional. Los líderes estudiantiles están dispuestos a entablar un diálogo con las más altas autoridades del país.
[1]

De esta manera la literatura testimonial de Elena Poniatowska representa el eco que será transmitido a las generaciones siguientes para que la conciencia no sea borrada. Para que la historia no se olvide. La literatura representa según los términos Marxistas una colección de aquello que una sociedad produce de acuerdo a los elementos que convivan con ella. De modo que la literatura testimonial toma el valor de representar a una colectividad, en una narración en dónde el testigo participa, en éste caso Elena Poniatowska, ya no como un narrador o un autor lejano al asunto, sino cómo partícipe del dolor colectivo y miembro de una sociedad con la que colabora para que a través de su libro “La noche de Tlatelolco” preste voz la sociedad mexicana, aquella que está marginada y no silenciada por los grandes grupos del poder. Es la literatura una cavidad de resonancia en dónde la voz es el pueblo.



[1] Elena Poniatowska. La noche de Tlatelolco. (México, D.F.:Ediciones Era, 1991) Pág. 63.