Corazas infranqueables, lanzas o puñales,
Todo es bueno si deforma un cuerpo;
Tu deseo es beber esas hojas lascivas
O dormir en eses agua acariciadora.
No importa;
Ya declaran tu espíritu impuro.
(Luis Cernuda)
Qué es la poesía sino el espejo de nosotros mismos. Luis Cernuda es el poeta que se enfrenta no a una realidad cualquiera, sino a la suya. Creyendo siempre en la renovación constante, buscando la verdad en la palabra, reflejo del pensamiento del hombre y del creador. ¿Por qué para Cernuda la palabra es sinónimo de salvación? El hombre se busca desde la verdad o la mentira, siempre en la dualidad de frío y calor. Hacer una lectura de la obra del poeta es camino riesgoso, ¿por qué hablar de los muertos cuando ya no están? Vive Cernuda y se le nombra: un exiliado homosexual, muere el poeta y le aclaman y reconocen. Ahora si podemos hablar e interpretar la obra.
La generación del 27 a la que Cernuda pertenecía, se caracterizaba por la búsqueda de la tradición. Cohen llama “la poética del hombre dividido” aquella en la que no existe una imagen del mundo aceptada; por lo que quedamos atrapados en una búsqueda constante de nuevas respuestas a nuevas preguntas, aun y cuando no se encuentren las respuestas certeras.
La obra es la manifestación del autor, se escribe porque se tiene algo que decir, y otras tantas por la condena del gusto. Para Luis Cernuda el reconocimiento de su interior estaba en el exterior, en su poética, si encontraba el camino que se identificara con su alma entonces lograría vivir en la obra sin temer a la muerte. Algo especial en su vida y notablemente en su obra, fue la maraca que le dejó el exilio, Cernuda es el poeta errante, el hombre para quien el mundo era un solo país. Hubo rebeldía, rechazo, un desprecio hacia el mismo, al no aceptarse homosexual, logró exiliarse del mundo, pero no de su obra. Sin embargo este sentimiento de exilio y rechazo, para el Cernuda poeta…era necesario.
Para él la realización como poeta estaba en el mismo sentido de su soledad, esa soledad que le hereda el exilio. En una carta comparte a su amiga Nieves de Madariaga su visión del hombre y su obra, “una disculpa por la dificultad en el trato, pero así por lo menos a través de mi obra ganaré la simpatía necesaria, pues para el escritor todo hombre se justifica en su obra”.
Los versos del autor expresan un sentimentalismo profundo, él mismo se auto nombraba “Triste poeta de cada día”. Confiaba en que al morir, su poesía se encontraría con el público que merecía. Para Cernuda, el poeta creaba su propio público; sin embargo, los lectores que encontró tras su exilio fueron difíciles de construir, pues en 1940 al publicar su libro Ocnos que se imprimió en una editorial londinense tuvo una decepción.
Y afirma que Publicar un libro de lengua española en Inglaterra era igual que tenerlo inédito. Su tristeza se apodera aún más y escribe nuevamente a su amiga Nieves de Madariaga “Si almenos estuviera en América, podría buscar editor. Lo que me alienta es que sólo he nacido para eso: y sean cosas sin interés o con interés, para publicar o para perderlas inéditas, debo escribir de todos modos.
[1]” Con esto afirma que el poeta por excelencia escribe precisamente por escribir, por ser poeta, por tener algo que decir.
Ya más adelante al visitar México en 1949, encontraría buena amistad en Octavio Paz y sobre todo, encontraría los lectores que apreciarían el exilio del hombre, el exilio del ciudadano, el exilio del poeta; y se abandonaría a las dos pasiones de su existencia, el amor y la poesía. Para Cernuda, la literatura como arte debía sobrevivir en sí misma, y alejarse de cuestiones ancilares para poderse llamar arte; debía ser una unidad artística cuyo objetivo principal fuera justificar su propia existencia.
El poeta justifica su existencia en su obra. El Hedonismo para él era el supremos fin de la vida humana, visto como lo único afán que motive al hombre a justificar su existencia, a pesar del deseo, existe la realidad, una realidad que estuvo en el poeta, existiendo como una herida abierta, que el deseo sanaba. Existir en sí mismo, en el deseo de la vida, en su pero sobre todo en el deseo filial de un mismo cuerpo igual a él.
Sabines define poesía así: Más que una vocación, la poesía es un destino. Volvemos a mencionar la idea de Cernuda “El poeta y su destino” En placeres Prohibidos [1931], menciona a los adolescentes, su rebeldía está marcada aquí, El adolescente está atrapado entre la infancia y al juventud, fuera de otras etapas, la adolescencia es una época de cambios, de enemistad con el mundo. Su poesía se carga de tristezas, de inconformidad, de anhelos.
Adolescente fui en días auténticos a nubes,
Cosa grácil, visible por penumbra y reflejo,
Y extraño es, si ese recuerdo busco,
Que tanto, tanto duela sobre el cuerpo de hoy.[2]En el clasicismo los Dioses tenían una forma bella. Una hermosa figura de un cuerpo masculino, un cuerpo de adolescente. En sus poemas hay una divinización, no sólo del deseo erótico homosexual, sino de la poesía misma; ambos deseos se funden. Y en paradoja, la existencia del Dios en la obra de Cernuda.
El Dios cristiano no es sino una sombra, una sombra más de los fantasmas engendrados por el deseo. [3] Cernuda identifica a Dios como un ser carente de realidad objetiva o existencia autónoma y resulta ser la invención del sujeto que añora su presencia mientras comprueba su ausencia.
Esperé un dios en mis días
Para crear mi vida a su imagen,
Más el amor, como un agua,
Arrastra afames al paso.
Me he olvidado a mí mismo en sus ondas;
Vacío el cuerpo, doy contra las luces;
Vivo y no vivo, muerto y no muerto;
Ni tierra ni cielo, ni cuerpo ni espíritu. […][4]Luis Cernuda es un silencio constante y mortífero que huele a incomprensión, él mismo como ser humano a exiliado a Dios, cómo hombre se exilió o con el mundo. Entre ese universo paralelo entre la mortalidad y la omnipotencia se encuentra la obra, la obra que no hace el poeta, sino que hace al poeta.
La poesía cómo símbolo de la pureza, es el puente con la vida, con nosotros mismo, la alianza con la muerte. Una muerte que no logra exiliarlo de la memoria ya que al morir el poeta Cernuda, al morir el hombre, su obra vive.
Tú no debes morir. En la hermosura
La eternidad trasluce sobre el mundo
Tal rescate imposible de la muerte. [5]
La muerte sigue presente en las memorias del poeta:
En las tumbas vacías, las urnas sin cenizas,
Conmemoran aún relieves delicados
Muertos que ya no son sino la inmensa muerte anónima,
Aunque sus prendas leves sobrevivan:
Pomos ya sin perfume, sortijas y joyeles
O el talismán irónico de un sexo poderoso,
Que el trágico desdén del tiempo perdonara. [6]Así el único Dios viviente para Cernuda es la obra, su poesía, catarsis de su personalidad. El sevillano construye al lector, la inmortalidad se la da la poesía que se convierte en su deseo perpetuo. El deseo late y está presente en su persona, en todo su entorno; el deseo erótico homosexual, el deseo divino:
Que ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando se aman, Parece como el viento que se mece en el otoño sobre adolescentes mutilados.
En Luis Cernuda la poesía tiene un sentimiento melancólico, su poética es siempre un veneno que recorre el cuerpo sin sentir el aguijón hasta el último verso; siempre será el adolescente, el Dionisio del hedonismo, que se manifiesta en su deseo, quiere expresarse, dibujarse como creación propia, cómo hombre ante el mounstro, que es la vida:
Para unos vivir es pisar cristales con los pies desnudos;
Para otros vivir es mirar el sol frente a frente.
La vida es dolorosa pero él dice:
Pisé Cristales; no había sol. Miré la luna; no había playa.
También ama, es un hombre que ama a otro cuerpo igual como símbolo de su homosexualidad. Octavio Paz en “La palabra edificante” afirma que la homosexualidad de Cernuda es su punto de partida para exaltar su creación poética, es parte de su creación. Comenta que él no se siente maldito, sino excluido.
Aunque sin verme desfiles a mi lado,
Huracán ignorante,
Estrella que roza mi mano abandonada su eternidad,
Sabes bien, recuerdo de siglos,
Cómo el amor es lucha
Donde se muerden dos cuerpos iguales.
La realidad y el deseo son dos puntos colocados en sentidos opuestos, son tan distantes que representan el equilibrio de la vida y por lo tanto de la poesía. De ahí la imagen del amor y de la muerte. Y ésta misma es una metamorfosis, cómo el hombre mismo. La búsqueda de un poeta que se busca a sí mismo en la palabra, se encuentra y se transforma, porque se encuentra con la meditación de lo que somos y lo que estamos haciendo. El gran misterio somos nosotros mismos dice Paz, la palabra por lo tanto no es un universo vacío, sino un puente entre la vida y nosotros.
El amor no tiene esta o aquella forma,
No puede detenerse en criatura alguna;
Todas son por igual viles y soñadoras.
Placer que nunca muere,
Beso que nunca muere [...]
Cernuda es un poeta solitario para solitarios, su poesía es soledad, es el reflejo de los sentimientos. De ello que al buscarse el poeta en su realidad y en su deseo se encuentra y más adelante se convierte en su principal prioridad buscar la expresión, ésta viene a refugiarse desde lo individual hacia lo colectivo. Por eso Cernuda crea una realidad para cada deseo.
El placer y la pena,
La soledad, la amistad,
La miseria, el poderoso estúpido,
El hombre enamorado, el canalla,
Son tan dignos de mí como de ellos yo lo soy.
Hay una realidad de la que el poeta no huye, la enfrenta, se exilia de todo, de si mismo, de su patria, de sus amigos, de la vida, pero jamás será un exiliado de la poesía porque ésta le salva del olvido, y la memoria le honra.
A modo de conclusión encontramos que la generación del 27 a la cual pertenecía Cernuda buscaba la modernidad desde la tradición. Reconociendo en el símbolismo el movimiento cíclico de una evolución que parte desde la tradición hacia la vanguardia. Y que en Cernuda regresa casi hasta el neoclasicismo.
Para él todo hombre se justifica en su obra y es esta misma su propio eje vital, si se encuentra a si mismo se reconoce y se proyecta en otros, ya que se convierte en un hombre universal. Exiliado siempre desde su patria y su persona se refugia en el planeta de la literatura y decide buscar una ruta donde encuentre la imagen verdadera del mundo, aunque esta misma este cambiando constantemente.
Su homosexualidad es el punto desde donde ejerce su creación poética. Así su obra es una meditación constante del misterio de él mismo; la palabra se convierte en el instrumento de la verdad y del hedonismo. Y seguir buscando, deseando, porque el deseo, como decía Cernuda, es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.
BIBLIOGRAFÍA
Valender James. Luis Cernuda en México. FCE. México: 2002.
Cernuda Luis. La realidad y el deseo. FCE. México 1958
[1] Valender James. Luis Cernuda en México. FCE. México: 2002. Pág. 20.
[2] Cernuda Luis. La realidad y el deseo. FCE. México 1958. Pág. 93.
[3] Valender James. Luis Cernuda en México. FCE. México: 2002. Pág. 51.
[4] Cernuda Luis. La realidad y el deseo. FCE. México 1958. Pág. 90
[5] Cernuda Luis. La realidad y el deseo. FCE. México 1958. Pág. 192
[6] Cernuda Luis. La realidad y el deseo. FCE. México 1958. Pág. 193.